domingo, 8 de mayo de 2022

El día que secuestraron a Juan Manuel Fangio en Cuba

 

“Disculpe, Juan, me va a tener que acompañar”: la historia del secuestro a Fangio en La Habana que el propio piloto agradeció

La noche del domingo 23 de febrero de 1958 un grupo de rebeldes raptaron a Juan Manuel Fangio del hall del hotel Lincoln. El piloto, que estuvo casi 30 horas en cautiverio, se hizo amigo de sus captores.

Pasaron 63 años

Disculpe, Juan, me va a tener que acompañar”, le dijo Manuel Uziel. Lo hizo sin presentación previa, sin siquiera haberlo mirado. Lo sorprendió por detrás, presionándole suavemente la punta de su pistola en la espalda. Hubo silencios incómodos y espasmos tímidos. “¡Cuidado! Si se vuelve a mover, le disparo”, advirtió el secuestrador. Algunos mecánicos y el piloto inglés Stirling Moss presenciaron el rapto en el hall del hotel Lincoln de La Habana el domingo 23 de febrero de 1958 cinco minutos antes de las nueve de la noche. La tensión se disolvió cuando un indulgente “vamos” transcribió la rendición. El resignado era Juan y Juan era de apellido Fangio, el cinco veces campeón mundial de Fórmula 1.

Sereno y obediente, ingresó a un Plymouth verde que se esfumó por la calle Virtudes. Los siguieron otros dos vehículos. “Si nos descubren estamos muertos”, razonó el que sostenía la pistola y vestía una chaqueta oscura. Su semblante era de pavor: no tenía talante o recursos de profesional. Fangio pidió una gorra y unos anteojos porque comprendió, lúcido, que podían reconocerlo por su cabeza pelada. Pero no tenían nada para disfrazarlo. El célebre periodista Alfredo Serra resumió: “Secuestro amateur. Más corazón que cerebro”.

Cambiaron de auto. Entraron a una casa por la escalera de incendio. Vio que en un cuarto había un hombre herido y en otro una mujer cuidando a un niño. Lo sacaron. Lo subieron a otro auto. Lo mandaron a otra casa, esta vez en el barrio El Vedado, la zona aristocrática de la capital cubana. No le pegaron. No le gritaron. Le pidieron disculpas. Le prepararon papas fritas a caballo. Le armaron una cama. Fangio durmió plácidamente la única noche de su cautiverio.

Pasaron casi treinta horas de cautiverio. El éxito lo amasaba el movimiento guerrillero con el rapto de Fangio y la suspensión de la carrera. Restaba resolver la liberación: la policía podía asesinar al piloto y responsabilizar a los rebeldes. La solución la presentó el argentino: pidió ser entregado en la embajada argentina, cuyo titular es el almirante Raúl Lynch Guevara, primo del Che Guevara. Un agregado militar entabló el contacto: lo recogieron por la madrugada en la zona de El Vedado. Estaba sano, a salvo y agradecido.

Fangio durmió esa noche en la habitación 810 del piso ocho del hotel Lincoln. Contó, a la mañana siguiente, que le había advertido a los organizadores de la carrera que restringieran la presencia de espectadores en la curva donde ocurrió la tragedia. Lamentó las muertes y agradeció que no haya sido la suya: “Hubiera podido estar en ese choque, así que mis secuestradores me pudieron haber salvado la vida”. No delató a ningún secuestrador, incluso los dejó autógrafos y los definió como “gente de ideales”. “Me trataron muy bien -declaró-. Nunca me vendaron los ojos. Cien veces me pidieron disculpas. Me parecieron macanudos.

Fidel, como presidente, se disculpó en persona con el piloto argentino. Se encontraron recién en 1981, cuando el Chueco visitó Cuba en calidad de presidente honorario de Mercedes Benz Argentina. Fangio fue agasajado en la casa donde estuvo secuestrado.


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- DIARIO CLARIN (ARGENTINA)
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